sábado, 4 de mayo de 2013

Tarta Mousse de Fresas para Bergman.

Post especialmente dedicado a Begonius
...Bon courage ma chérie!


Un cuadro sorpresa, una película imprescindible, una tarta ineludible...  y fresas, siempre fresas.




            Escribir "cuadro fresas" en el buscador 'imágenes google' y que te encuentre esto ha resultado una acción más fructuosa de lo que cabía esperar: el hallazgo de un más que interesante blog sobre el mercado del arte, el panorama actual y los panoramas pasados, y muchas cosas muy interesantes que revolotean entre las letras de c u l t u r a... así que os dejo la llave del blog de Ana Trigo


Mares como fresas. María Jesus Pérez Vilar



            Una película, del gran I. Bergman... para los grandes en pantalla y una tarta entre manos tenemos dos opciones: ver la película mientras cuaja la tarta en la nevera o ver la película mientras damos buena cuenta de la tarta ya fuera de la nevera. Yo elegiría lo primero... para no mezclar. Os dejo en taquilla la entrada al pase de "Fresas Salvajes"



***

            Y ya podemos pasar a la cocina, nos espera un postre ligero para los primeros calores, bajo en grasa y en azúcar, rico en fruta y proteínas, y además muy fácil de hacer. 


Ingredientes...
            … para la base
Dos huevos
50 g. de azúcar
50 g. de harina

            … para la mousse
400 g. de fresas
unas gotas de estevia (o el                  edulcorante que prefiramos)
8 hojas de gelatina neutra (16 g.)
3 actimel (0% mg.) de fresa
250 g. de queso blanco de untar light 2 claras a punto de nieve bien firme

            … para el adorno
 250 g. de fresas
chocolate blanco fondant.




Preparación...
             
            Base:
Batir los huevos con el azúcar hasta que doblen su volumen, añadir la harina tamizada y mezclar con movimientos envolventes. Poner en un molde de 22 cm. de diámetro apto para microondas y cocer 3 minutos a 800 W. Dejar enfriar y desmoldar. Si preferimos hacerlo en horno convencional (yo lo prefiero) serán 10 minutos a 160º.
Una vez frío, poner la base de bizcocho en el fondo de un molde desmontable de 22 cm. de diámetro. Ahora hay que ir cortando las fresas para el adorno por la mitad y colocándolas de pie alrededor de la base, contra la pared del molde y con el corte hacia afuera, para que queden pegadas a ésta.

             La Mousse:
Batir el queso con los yogures bebibles. Triturar los 400 g. de fresas bien limpias con el edulcorante hasta conseguir un puré fino. Calentar en el microondas 100 g. del puré de fresas y deshacer en el las hojas de gelatina previamente hidratadas en agua fría, juntar con el resto del puré y mezclar bien. Añadir el queso batido y mezclar bien, agregar las clara a punto de nieve fuerte y mezclar el conjunto con movimientos envolventes, con cuidado de que las claras no “pierdan aire”. Verter en el molde y poner en la nevera unas horas hasta que gelifique.

             Adorno:
Adornar con unas fresas pequeñas enteras y un cordón de mermelada de fresa.



martes, 30 de abril de 2013

Ensalada de crudités con salsa cremosa de naranja.





       Una ensalada fácil, casi improvisada  y que acaba conviertiéndose en un completo entrante. Dejo ingredientes y montaje, y la receta de la salsa delicadamente equilibrada en aroma y textura, digamos que es el toque suave que da el contrapunto adecuado a la crujiente carnosidad de las crudités. Sin rodeos.



Ingredientes
     
             ... para la ensalada de crudités:

Media bolsa de espinacas baby sin los pedúnculos
Tres zanahorias
1/4 de calabaza
1/4 de corazón de apio (apionabo o celeri)
Brotes de alfalfa
Brotes de lombarda

            ... para la salsa cremosa de naranja:

2 cucharadas soperas generosas de veganesa
1 cucharada de postre de mostaza de Dijon
Tres vueltas de molinillo de pimienta negra
2 cucharadas de postre de aceite de nuez
1 cucharada sopera de aceite a la naranja
1cuchara de postre de vinagre de manzana
2 cucharadas soperas de aceite de oliva
Ralladura de una naranja
Zumo de media naranja





            Preparación:

Limpiamos bien las espinacas y las repartimos en cuatro   platos. Pelamos y rallamos las zanahorias (con el rallador fino) y el apionabo y la calabaza (con el rallador grueso). Montamos las ensaladas formando una cama con las espinacas sobre la que disponemos las crudités ralladas y coronamos con los brotes de alfalfa y de lombarda.

Preparamos la salsa en un bol, incorporando uno a uno los ingredientes en el orden descrito, batiendo con un batidor de varillas hasta que cada uno esté integrado antes de agregar el siguiente, así quedará montada la salsa homogéneamente.

Aderezamos la ensalada con la salsa y a la mesa. ¡Buen provecho!












jueves, 18 de abril de 2013

Mermelada de Fresones




           Creo que ha llegado el momento de preparar las primeras mermeladas de primavera... una buena remesa de estas dulces conservas no sólo nos resuelve desayunos sino que amplía las posibilidades culinarias tanto dulces como saladas, hemos de aprovechar el mejor momento de cada producto y eso supone mejor sabor, mejor color y mejor precio: ¿quién se resiste?, yo no, así que nada como una fantástica mermelada de fresones... el rojo siempre sienta bien.


 
Sin duda Dios pudo haber hecho una baya mejor, pero sin duda Dios nunca la hizo”
William Butler (1865-1939)



"Cesta de fresas salvajes" c.1760  J.S. Chardin (1699-1779)


 


“Un hombre que atravesaba un bosque se topó con un tigre. Huyó, pero el tigre le persiguió. Un precipicio escasamente visible interrumpió su carrera; estuvo a punto de caer, pero, en el último momento, pudo agarrarse a la raíz de una viña silvestre y se quedó balanceándose sobre el vacío. El tigre estaba arriba, olfateando. Temblando, el hombre miró hacia abajo, y vio otro tigre que esperaba su caída para devorarle. Sólo la viña le sostenía. Entonces, dos ratones, uno blanco y otro negro, se pusieron a mordisquear la raíz de la planta.
El hombre vio entonces una fresa apetecible cerca de él. Agarrándose a la viña con una mano, cogió la fresa con la otra. ¡Qué buena estaba!”

         “Cincuenta cuentos Zen”
Agustín López Tobajas. José J. de Olañeta Editor






           Es una preparación sencilla pero que requiere una dosis de dedicación y paciencia: hay dos opciones, y esto sirve para todas la mermeladas tradicionales, la primera es mezclar los ingredientes bien limpios, pelados y cortados, en las proporciones correspondientes, dejar macerar un par de horas y cocer, triturar, envasar y conservar; básicamente este primer procedimiento es el válido y siempre sale. Obtenemos así una mermelada que será más apagada de color y “turbia”, como cualquier mermelada comercial que se las da de “como hecha en casa”, y todo porque parece que si es de color brillante y traslúcida o transparente pero sin turbiedad, nos están presentando una preparación “artificial”. Nada más lejos del bien hacer cuando de mermeladas, compotas, confituras o jaleas estamos hablando. El segundo procedimiento nos lleva a seguir los pasos indicados para el primero pero con absoluto mimo y, como no voy a explicar dos veces lo mismo, allá voy con la receta y destacaré en negrita esos detalles que nos llevarán al éxito en sabor, color y textura (aunque ésta ya depende también del gusto de cada cual)


Ingredientes

           1kg. de fresas o fresones
           500g. de azúcar
           el zumo de dos limones

Preparación:

           Lavamos bien las fresas, les quitamos el rabito, las partimos en cuatro y las vamos colocando en la cazuela en la que prepararemos la mermelada (de acero inoxidable o de cerámica o barro preferiblemente, pues los ácidos afectan a los recubrimientos antiaherentes y acabamos “comiéndonoslos”). Echamos por encima el azúcar y regamos con el zumo de limón. Dejamos macerar unas horas, mínimo dos, a mí me gusta dejar las fresas al menos ocho horas así que preparo por la tarde la maceración y elaboro la mermelada al día siguiente por la mañana. Como no “abandonamos” nuestras fresas, de vez en cuando vamos a verlas y les damos unas vueltas, con suavidad, para que se se diluya totalmente el azúcar y sigan soltando su jugo, y mezclándose bien con él.

           Pasado el tiempo de maceración, removemos bien y ponemos al fuego, primero fuerte y cuando alcance el punto de ebullición lo mantenemos a fuego medio-bajo, que burbujee despacio. Ahora toca mantener la cocción moderada e ir retirando la espuma que se va formando y acumulando junto a las paredes, lo hacemos con una cuchara o un cucharón, poco a poco para coger sólo la espuma, y de vez en cuando removemos las fresas, pero sin que el movimiento arrastre lo que va quedando adherido a las paredes de la cazuela, eso ha de quedarse ahí.
Cuando veamos que empieza a espesarse el jarabe , después de una cocción de 45 minutos aproximadamente, podemos deshacer la fruta con el batidor de varillas o con la batidora eléctrica de brazo, según nos guste con más o menos trozos o más o menos fina. Es el momento de comprobar si ha alcanzado el punto de gelificación: se puede echar un poquito en un plato y comprobar, al enfriarse, que si la empujamos con el dedo se desliza y se arruga; yo lo que hago es “escuchar” la mermelada y cuando suena “chisporroteando” como un celofán al arrugarse ya está. De todas formas lo de más o menos espesa también responde un al gusto personal, las densidades y texturas son un mundo.

          Mientras pasa todo esto habremos esterilizado los tarros en los que vamos a envasar nuestra mermelada. Así que en cuanto apagamos el fuego los llenamos hasta arriba, cerramos bien y ponemos boca abajo hasta que se enfríen. Ya sólo nos queda etiquetarlos y guardarlos... e ir abriendo alguno para las tostadas, rellenos de tartas, base de helados y batidos, acompañamiento de quesos,... y lo que se nos ocurra.








domingo, 13 de enero de 2013

Galletas de arroz y té Matcha




            La de las galletas de té Matcha es una receta entretenida pero sencilla. En un principio se puede elaborar perfectamente siguiendo la tradicional receta de las tan europeas galletas de mantequilla añadiendo el té a la masa, pero ya que por fín me ponía con ellas decidí versionarlas con harina de arroz, a fin de cuentas dos ingredientes tan arraigados en la cultura japonesa bien podían ir juntos en unas galletas tan resultonas... tienen un delicado color verde, un suave y dulce sabor a té y una textura algo diferente pues se deshacen en la boca pero siguen “crujiendo”. Además podemos añadirles la ventaja de ser sin gluten, con lo cual son aptas para aquellas personas que no toleren esta proteína.




Necesitaremos...

      200g. de azúcar moreno
      200g. de margarina a temperatura ambiente
      2 huevos (M)
      Las semillas de 2cm. de vaina de vainilla
      500 g. de harina de arroz
      2 cucharadas de Té Matcha para repostería


¡A la cocina!

      Blanqueamos la margarina con el azúcar y, sin dejar de batir, añadimos los huevos y mezclamos bien, incorporamos las semillas de vainilla y, después, poco a poco, la harina tamizada y el té. Cuando ya tengamos la masa bien homogénea formamos una bola y la refrigeramos un mínimo de una hora.

      Calentamos el horno a 180º. Extendemos la masa hasta dejarla de medio centímetro, cortamos las galletas y las vamos colocando en la bandeja de horno, que colocaremos a media altura y dejaremos hornear 20 minutos. Pasado ese tiempo, o cuando comiencen a dorarse los bordes, las sacamos y ponemos a enfriar sobre una rejilla.



viernes, 7 de diciembre de 2012

Tarta de espinacas, queso y calabaza.




            Tenía que dar buena cuenta de la calabaza asada, quedó media y, por no repetir en la mesa, decidí repetir en la cocina... con mi afición por las tartas saladas tipo quiche estaba claro que iba a preparar una para la cena, además había que hacer algo completo pues nos esperaba una peli en el cine, “Amor bajo el espino blanco”, y no contábamos con tiempo para entretenernos en la mesa, así que mejor plato único.
… por cierto. La tarta buenísima y la pelicula preciosa (lástima que no fuese en versión original con subtítulos).



1 lámina de masa quebrada para cubrir un molde de tarta
media calabaza asada al horno
1 cebolla
3 dientes de ajo
1/2 kilo de espinacas cocidas bien escurridas
2 huevos
300 g. de queso de untar
sal
pimienta negra recién molida
mezcla de semillas crudas (pipas de calabaza, de girasol, almendras, nueces y avellanas trituradas)


Calentar el horno a 200º. Mientras tanto cortamos bien menuda la cebolla y la rehogamos en la sartén con un poco de aceite de oliva, a fuego medio, hasta que se ponga tranparente. Añadimos entonces los tres dientes de ajo bien picados y rehogamos un poco más, que no se doren. Agregamos las espinacas cocidas y bien escurridas y subimos el fuego, salteamos y cuando ya haya perdido bien la humedad, salpimentamos. Apartamos del fuego.
Batimos en un recipiente los dos huevos y los mezclamos bien con la mitad del queso. La otra mitad la echamos y removemos con las espinacas.
Estiramos la placa de masa quebrada para que nos cubra el molde de tarta y pinchamos el fondo con un tenedor, la cocemos en el horno 5 minutos y la sacamos para rellenarla: primero vertemos la mitad de la mezcla de huevo, encima ponemos todo el salteado de espinacas y extendemos igualándolo bien, cubrimos con la otra mitad de la mezcla de huevo y terminamos colocando un “tape” de calabaza en puré -yo lo he hecho extendiéndolo encima de un papel de horno: se hace un círculo con la pasta de calabaza y se coloca del revés sobre la tarta, despegamos el papel, ayudándonos con un cuchillo largo y fino y ya está-. Ponemos la tarta en el horno y cocemos 20 o 25 minutos (probamos con un palillo, como los bizcochos, pinchamos y si sale limpio ya está). Ahora echamos bien repartida sobre la tarta la cantidad de mezcla de semillas que nos parezca oportuna (a gustos, a mi me gusta que quede bastante cubierto porque le da un toque crujiente que me encanta) y lo metemos de nuevo en el horno, un momento, bajo el gratinador, vigilando porque se queman enseguida... y ya está, lista nuestra tarta para lucir en la mesa. Si añadimos cebolla enharinada frita, acentuamos el crujiente y casa perfectamente con el dulzor de la calabaza.
 





martes, 4 de diciembre de 2012

Calabaza especiada para el horno de Leonardo.

"Bodegón con cesta y calabaza" Van der Hamen, 1629



             La calabaza, y el resto de cucurbitáceas, llegó a Europa desde la Indias (América) y llegaron para quedarse. La facilidad de su cultivo debió favorecer una temprana expansión, pues ya Leonardo da Vinci las cita en una nota de sus apuntes de cocina, en el famoso Codex Romanoff nos dice sobre ellas
      
      “Cuando en el verano está aún joven y tierna, antes de que se torne en la cosa monstruosa e hinchada en la que puede transformarse (y yo he visto con mis propios ojos algunas que medían 3m de longitud), ha de ser pelada y cortada en largas rodajas que se secan al sol y luego pueden usarse como alimento o como adorno para las mesas en invierno”

            Supongo que Leonardo se refiere aquí a los calabacines, de todas formas no era todavía muy amplia opción culinaria de la calabaza, con lo que probablemente, si hubiera probado esta receta que le dedicamos la habría incluído en su “códice” (además, al parecer era vegetariano... le habría venido de maravilla)


Va por Leonardo...


Una calabaza
Una cucharada de cúrcuma
Cuatro cayenas molidas
Una cucharadita (de café) de pimienta
Una cucharada de canela molida
Una cucharadita (de café) de sal
Ralladura de piel de naranja
Medio vaso de aceite de oliva



Encendemos el horno a 200º y, mientras éste se calienta, en un bol mezclamos las especias con la sal y el aceite.

Cortamos la calabaza longitudinalmente en “rajas”, como si fuese un melón. Reservamos las semillas, que podemos guardar bien lavadas y secas para otras recetas o para tostarlas con un poquito de sal. Colocamos las prociones de calabaza en la bandeja del horno.

Armados con un pincel, y con todo el arte de Leonardo, pintamos a conciencia la calabaza con el aceite especiado, le damos varias capas, y podremos apreciar cómo la técnica pictórica de la veladura, que tanto se desarrolló en el Renacimiento especialmente a partir de la difusión del óleo, es aplicable a la coquinaria... seguro que el de Vinci lo tuvo en cuenta. A lo que íbamos, pintamos la calabaza hasta terminar con el aceite y, si el horno ya ha alcanzado la temperatura marcada, metemos la calabaza y la dejamos cocer hasta que esté tierna.
Servimos caliente, templado o a temperatura ambiente... a mí me gusta calentita pero sin quemar, espovoreadas con ralladura de naranja. El dulce de la calabaza revestido del aroma de la cúrcuma y la canela, el acento colorista de la pimienta y la expresión de las cayenas convierten este plato, tan sencillo de preparar, en una obra digna de la mesa más exigente.

Incluso si nuestro paladar no es amigo de los sabores picantes, puede prepararse con una combinación de especias más suave, aquí ya entra el gusto de cada uno y la emoción de ir probando.




jueves, 29 de noviembre de 2012

Pan de molde... el primero.

(Pan de molde para ir acostumbrándose al aroma a tahona. Es el primer pan del klibanos, pero no será el último)

             A veces llegan cosas que no esperas, otras aparecen en el momento oportuno y otras las buscamos por las razones más variadas que podamos imaginar, incluso disparatadas... pero lo que nos sucede tiene su momento, ese en el que ocupa, aunque sea por un instante que casi no percibimos, todo nuestro interés... vaya, esta retahila para decir que la máquina de pan (panificadora) llegó a mi casa en un momento muy preciso, por casi imperiosa necesidad y aquí se quedó, no para hacer pan a diario (es ésta otra cuestión) sino para cubrir unas determinadas necesidades y satisfacer algún que otro paladar.

             De momento me quedo aquí, en este punto (quién sabe lo que puedo llegar a contar de este artefacto encantador), para compartir mi receta de pan de molde para sanwich en panificadora, después de probar varias ésta es la que ajusté a nuestro gusto, pues no está nada mal comerse un sandwich con pan de casa, o unas tostadas dulces para el desayuno o una rebanada con crema de cacao... si tenéis máquina para hacerlo perfecto, si no es así podéis amasarlo y después de una triple fermentación estiráis un poquito la masa, la enrollais, la colocáis en un molde de cake y al horno, a 170 º unos 55 minutos.


Para un pan de unos 800 gramos necesitamos...

100 g. de leche
150 g. de agua
80 g. de aceite de girasol
2 cucharadas rasas de azúcar
1 cucharada rasa de sal
1 cucharada rasa de miel
250 g. de harina
250 g. de harina de repostería
1 sobre de levadura seca de panadería

Programa “básico”, con el acabado de corteza tierna o suave.